“Ropa tendida”, la primera obra de la zaragozana Eva Puyó

Cuando abrí la puerta de casa y vi las caras sonrientes de mis padres preguntando por el coche y por cómo lo había conducido hasta el barrio, intenté relatar aquel accidente de un modo gracioso. Mi madre, de hecho, pensó en un principio que se trataba de una broma. Cuando se dieron cuenta de que no lo era, mi padre empezó a gritar y a llamarme inútil. Mi madre acabó consolándome mientras yo lloraba tendida en la cama y, entre sollozos, repetía: “Qué vergüenza”. “Nadie se ha muerto jamás de vergüenza”, me dijo mi madre, como si supiera muy bien de lo que hablaba. 


Eva Puyó (Zaragoza, 1976) ha publicado relatos en los diarios Público y Heraldo de Aragón y en la revista Letras Libres, así como en varias publicaciones colectivas. Ropa tendida es su primer libro.

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Eva Puyó nos presenta en Ropa Tendida una secuencia de imágenes de lo que podría ser – y posiblemente, me aventuro a decir, fuese – su propia vida. En la Zaragoza actual la vida de una familia aparentemente normal se desmiga en relatos (que podrían formar, entre sí, una novela) que radiografían las rutinas, los vicios y el quehacer de estos maños en su día a día. El examen del coche, las riñas entre padre y madre, el novio de la universidad o las fotos de la casa de la abuela… todo son buenas excusas para construír un relato que narra, sin fallos aparentes, la imagen de ese acontecimiento concreto.

Puyó tiene destreza para hilar una escritura sencilla, de fácil comprensión y lectura, que no deja de tener calidad. Recuerda a otras voces de la literatura española, como Elvira Lindo, que reflejando situaciones cotidianas de familias completamente típicas son capaces de articular relatos interesantes que van permitiéndonos ir conociendo a los personajes poco a poco. Su estilo, realista, refleja con veracidad el habla de los habitantes de Zaragoza, así como sus referentes culturales más directos (desde la Virgen del Pilar hasta Violadores del Verso) y resulta simpático e interesante en muchos momentos, más por la posibilidad de sentirse identificado con muchas de las situaciones que por que éstas posean un plus de interés argumental.

En conclusión, una buena ópera prima, de fácil lectura y público universal.

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Ropa Tendida de Eva Puyó está publicado por Xordica Editorial.

“Majareta”, una memoria gráfica de Ellen Forney

 Por Arancha Rodríguez Fernández

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 Apenas conseguía arrastrarme de la cama al sofá.

Estaba claro: no podría reunir las fuerzas o los ánimos necesarios para hacer los cómics que tenía previstos… medio previstos.

Mi yo maníaco de entonces no estaba capacitado para ocuparse de mi yo deprimido de ahora.


 Ellen Forney, nacida el 8 de marzo de 1968 es dibujante y profesora. Ha dibujado durante toda su vida, y en su haber cuenta con obras como I love Led Zeppelin, nominada a los premios Eisner, y Monkey Food: The Complete “I was seven in ‘75” Collection, además de ilustrar El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial, de Sherman Alexie, ganador del National Book Award. Actualmente vive en Seattle, Washington, donde da clases de cómic en el Cornish College of the Arts.

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A simple vista, Majareta parece una novela gráfica cercana, animada, apta para todos los públicos y que seguramente (a simple vista, recordemos) trate el tan manido y prejuicioso tema del histerismo de las mujeres. Eso es lo que parece. Sin embargo, esta “memoria gráfica” como la propia autora ha dado en denominarla, se sitúa en esa complicadísima línea entre lo entretenido (incluso optimista, por qué no) y lo extremadamente grave.

En esta biografía, que se nutre de texto e ilustración para hacerla si cabe más real, Ellen Forney nos narra de una forma nada superficial su propio diagnóstico con una enfermedad mental: el trastorno bipolar. Lejos de convertir, por ello, a la novela en un tedioso catálogo de sus miserias, Forney consigue llevar con maestría un retrato asombrosamente realista de lo que es la vida para una persona con este problema que, sin embargo, sigue siendo extraordinariamente creativa, capaz y – lo más importante – determinada a vivir.

Por una parte, el dibujo genera distintos estilos para adaptarse a los estados de la protagonista y nos demuestra los talentos ilustrativos de la autora. Por otra parte, un guión bien elaborado con la suficiente carga de drama y de histrionismo dan el toque final a una novela que se lee en dos tardes, y no sólo por su lenguaje sencillo, sino por lo atractivo de su historia.

Una forma más que notable de acercarse a una enfermedad poco conocida y demasiado mitificada. Un libro recomendado, no sólo para los amantes de la novela gráfica sino para los de la buena literatura.

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MAJARETA: Manía, depresión, Miguel Ángel y yo de Ellen Forney está publicado por Ediciones La Cúpula.

“La mujer sin memoria y otros relatos” un perspicaz análisis de las relaciones urbanas, por Silvia Sánchez Rog

Por Carmen Diez Salvatierra

Mientras tanto, caminan torpemente por aquella casa cada vez más reducida, más llena de muebles y, sin querer, lo van volcando todo a su paso, sillas, estantes, vasos, cubiertos, nerviosos y excitados de saberse, aún, el uno cerca del otro. Idealizándose tanto que ambos sienten ahora vergüenza de mirarse a los ojos, y se ruborizan cada vez que esto ocurre.

Del relato “Cercanías” incluido en la obra


 Silvia Sánchez Rog (Madrid, 1971) es escritora. Ha vivido en Berlín, Granada y Londres. Resultó finalista del Premio Libro de Cuentos Setenil (2007) y del Certamen Jóvenes Creadores, sección Narrativa, en 2006.  En el año 2007 ganó el V Premio de Narrativa Caja Madrid, gracias al cual publicó La mujer sin memoria y otros relatos (2007). Dicha obra fue traducida al italiano a finales de 2013, y publicada en la Editorial SUI bajo el título La donna senza memoria. También ha publicado sus relatos en varias antologías y revistas, algunos de los cuales han sido traducidos al italiano y al francés.

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Muchos son los análisis conferidos a la arquitectura de las relaciones urbanas en disciplinas como la sociología o la antropología. Silvia Sánchez Rog consigue extrapolar esos análisis al mundo del relato corto, y lo hace con una facilidad estimable. Las palabras van desfilando por nuestros ojos haciéndonos reflexionar acerca de las traiciones, las nostalgias o las malas compañías que se enmarcan en un espacio-tiempo que es la ciudad posmoderna. Aquella que nos hastía y nos fascina, todo al mismo tiempo.

Los personajes de Silvia tienen a veces una dulce torpeza, una obsesión excesiva; otras veces son mediocres, pero fieles reflejos de las habitantes de cualquier metrópolis, aquellxs con los que nos cruzamos a diario. Su lenguaje es claro y cotidiano; no hay largas descripciones, abundan los diálogos cortos -y cortantes- que sin embargo hacen funcionar rápidamente a nuestra imaginación y reconocernos en las emociones de lxs protagonistas.  Todas las situaciones aquí descritas nos resultan irremediablemente familiares: desde los celos infundados de Quim al encontrar un desodorante que no es suyo en el baño de la casa de su novia (“La solución de Quim”), hasta el enamoramiento sin palabras de dos desconocidxs en un tren de cercanías (“35 kilómetros”). Cierta crítica se desprende de “Los simplicistas”, el relato más breve de todos, sobre una novia que se convierte en copia de una anterior y que lleva al protagonista a la conclusión de que “todas las mujeres son una”. “La meseta”, por su parte, es un espléndido relato sobre el valor de la amistad entre mujeres, con la meseta española como metáfora de la distancia que a veces se crea entre dos personas. Reseñable es, sin duda, que la gran parte de las protagonistas de los relatos de Silvia sean mujeres.

En definitiva, es esta una obra ideal para acompañarnos en los trayectos diarios en transporte público, en los breves momentos de descanso entre actividad y actividad, e incluso antes de irnos a dormir. Sus breves y sencillas historias no requieren una excesiva concentración y nos atraparán al instante.

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La mujer sin memoria y otros relatos está publicada en la Colección “Nueva Biblioteca” de la Editorial Lengua de Trapo

“Matate, amor”, la primera novela de Ariana Harwicz

Voy a entrar. Voy a pedirle peras al olmo. Voy a contener mi demencia, a usar el cuarto de baño. Voy a acostar al niño, masturbar al hombre y dejar la insurrección para mejor vida. Yo, que quería parir un hijo no declarado. Sin registro. Sin identidad. Un hijo apátrida, sin fecha de nacimiento ni apellido ni condición social. Un hijo errante. No parido en una sala de partos sino alumbrado en el rincón más oscuro del bosque. No silenciado con chupetes sino acunado con el grito animal. Lo que me salva esta noche y el resto no es para nada el amor de mi hombre ni de mi hijo. Lo que me salva es el ojo dorado del ciervo, mirándome todavía. 


Ariana Harwicz nació en Buenos Aires en 1977. Estudió guión cinematográfico en el ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica), dramaturgia en el EAD (Escuela de Arte Dramático) y completó sus estudios con una licenciatura en Artes del espectáculo en la Universidad Paris VIII y un máster en Literatura comparada en La Sorbona. Matate, amor, es su primera novela. En junio de este año publicó en Latinoamérica su segunda novela: La débil mental.

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En Matate, amor nos encontramos con una novela de situación, que no de situaciones, en la que una madre de familia al borde del abismo nos describe la situación a la que se ve sometida: viviendo en el rural (de lo que se supone Argentina), con un marido al que no quiere, un hijo que le supone una carga y un deseo sexual estratosférico que no se ve satisfecho. Principalmente por esto Matate, amor se diferencia de cualquier otra novela doméstica, ya que el personaje principal, lejos de atenerse a las normas establecidas para su género, las desafía y rompe en añicos a diario.

Toda la atmósfera de la novela parece surrealista: los personajes no viven en una ciudad, ni siquiera en un pueblo, sino en una casa aislada en la que el entorno es natural, no civilizado. Eso convierte la historia en un libro salvaje, destructivo (adjetivos que podrían aplicársele a su desbocada protagonista). A pesar de su punto rebelde, la novela nos presenta una situación que apenas cambia, en la que la acción no acontece. Todo es una eterna descripción: la descripción de los ojos de la protagonista, de la que no llegamos a saber ni el nombre. Una descripción barroca que acaba haciendo de Matate, amor un libro cansado. La forma de narrarlo, siempre en primera persona, es desasosegante y acaba dejando vislumbrar la demencia que – se supone – padece la protagonista.

No hay puntos de fuga ya que toda la novela parece transcurrir en una constante tensión que no cambia ni evoluciona. Un libro que, sin duda, resultaría más apetitoso si en lugar de una novela de 150 páginas fuese un intenso relato corto.

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Matate, amor de Ariana Harwicz está publicado por Lengua de Trapo.

“Historia clínica”, un hipocondríaco poemario de Carolina Jobbágy

Hidrofobia

Pudo tratarse de tifus

esos perros

muertos en la calle

pero al tercer o

cuarto día

los ganglios inflamados

sentado en el jardín

deja

que el cielo se deslice

inevitable

ruptura de moléculas

adelgazan 

y se arrugan

por el muro sigue

tibio

un cambio de luz

hasta aceptar el color gris

entre sus dedos

acumula

datos clínicos

el curso lento de la enfermedad.


Carolina Jobbágy nació en Buenos Aires en 1975, aunque actualmente reside en Barcelona. Hasta ahora, ha publicado el libro de poemas Tabla periódica (en 2012) y esta Historia clínica en 2014. Parte de los poemas de Historia Clínica la hicieron ganadora del premio La Voz + Joven de la Obra Social Caja Madrid en 2007. Además de esto, su poesía está recogida en varias antologías, revistas y suplementos literarios de Argentina, Brasil, Alemania y España.

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En Historia clínica, Carolina Jobbágy nos ofrece un poemario extremadamente original y estructurado, casi como si fuera una base de datos del dolor; una base de datos que, más allá de darnos todos los detalles, presenta esbozos de las heridas de un paciente hipotético, de un sujeto universalizado. Historia Clínica son secuencias rotas, imágenes del deshielo (a pesar de que el libro esté dividido en dos partes diferenciadas: invierno y verano). Los poemas nos producen algo, la rotura de una fibra, un acercamiento a la enfermedad.

Jobbágy  ha escogido bien los nombres, creando una suerte de catálogo enfermizo que somatiza al lector y lo arrastra al cosmos del poemario. Sin embargo,  son estos poemas que no acaban de tener una conclusión. La autora palpa la conclusión sin acercarse, sin rematarla; cada pieza de este libro es como la semilla del poema; una semilla que no llega a germinar. Bien es cierto que se reconocen irremediablemente angustiosos, muy personales, todos ellos hablan para el epicentro del propio sujeto que se enfrenta a la situación, pero en ocasiones este intimismo acaba por resultar incomprensible.

Una historia clínica bien pensada a la que acaban por faltarle demasiados diagnósticos.

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Historia clínica, de Carolina Jobbágy, está editado por Kriller 71 Ediciones.