Las nuevas ilustradoras: Agustina Guerrero

Agustina Guerrero fue la primera de una larga lista de ilustradoras en castellano que iría conociendo con el tiempo: Sara Herranz, Ana Belén Rivero, Irene Márquez, Paula Bonet, Raquel Riba Rossy (Lola Vendetta), Anastasia Bengoechea (Monstruo Espagueti), Quan Zhou Wu (Gazpacho Agridulce), y tantas muchas otras que me estoy dejando atrás y las muchísimas que aún tengo que descubrir.

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En Diario de una volátil (2014), Guerrero nos plantea, con humor y un estilo desenfadado, la visión del mundo de una treintañera. Se hace, entonces, muy fácil buscar y encontrar refugio entre sus viñetas. Las que compartimos su mismo contexto sociocultural, nos veremos reflejadas en su trazo amable. Una buena propuesta de lectura con la que relajarse y poner la lupa sobre lo cotidiano.

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Cada vez son más y más las voces de las mujeres ilustradoras que empiezan a poblar las redes y muchas de ellas saltan al papel.  Os avisamos que es mejor no perderlas de vista.

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AGUSTINA GUERRERO es una diseñadora gráfica y dibujante nacida en Chacabuco (Argentina) en1983.

La otra Iliada: la gloriosa guerra de los adentros, por Ethel Krauze

Toda la casa es una Ilíada,

es tu Ilíada,

tu personal batalla contra el enemigo:

tu destino de polvo, mugre y chinches

te avala el trapeador, la escoba, la cubeta,

te cubre el delantal, la jerga y el plumero,

te acompaña la sangre de tu madre

                                     y tu abuela

te redimen los rezos de tus tías

tus primas

tus hermanas

tus vecinas;

te sublima el poema irreverente,

locuaz y bofunesco,

que utiliza los versos

para algo tan intrascendente como lo que tú haces,

tan poco atractivo para las artes literarias,

que nunca alcanzará el honor de Aquiles,

como tú no has alcanzado el honor de tu hombre.

Literatura; tinta y tinta invertida en la narración extraordinario. Relatos, crónicas, artículos, poemas dedicados a la épica, el suspense o el romance. ¿Acaso no existen palabras para honrar lo contrario? ¿Qué ocurre con los antecedentes y destrozos de la épica? Lo grandioso se construye a partir de lo profano. Pero lo profano carece de literatura y la alienada se queda sin poema ni gloria.

El libro de cabecera de occidente son los cantos hacia una guerra que buscaba el honor y la gloria entre reyes y altos guerreros. Helena, secuestrada por París, pasó a la historia como la culpable de las matanzas, romantizada como una mujer presa de sus pasiones amorosas. Briseida, esclavizada y violada por Aquiles, como aquella que descubrió el amor gracias a su cautiverio lejos del templo. Y por supuesto, desconocemos cuántas viudas quedaron solas al frente de un hogar y un reino que lloraba el luto de un sólo domador de caballos.

Y todo sigue fluyendo de la misma manera. En el siglo XXI, una ama de casa se enfrenta a su terrible y leve destino: una casa que limpiar, unos niños que criar, un marido al que complacer. El amor, la idea de lo que ha de ser amor, la ha vuelto cautiva, mientras la culpa y el odio se acumulan en su estómago.

Y un día, la cautiva estalla y crea un nuevo canto. El animal herido, tras años y años de autoflagelación, aúlla alto.

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Una mujer perdida

con los ojos abiertos

        al horror de estar aquí,

arrojada al mundo,

sin pan,

       sin agua.

       sin cobija;

ahogándome en mí misma,

repitiendo el ritual

de la mujer pedida,

esperando,

esperando…

 

Con una lírica  maestra, Etel Krauze escribe dos cantos y una coda sobre la alienación de mujer perfecta perfecta. La que renuncia a su propia vida en el nombre del amor, la que piensa que el sentimiento del vacío es culpa suya. La que quedó desolada, y explotó. La Briseida que se tornó en Medea. El vestigio de mujer que queda, sepultada, entre sus propias ruinas.

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Ethel Krauze, méxicana y poeta. Con más de 40 publicaciones traducidas a 5 idiomas, la hacen una de las autoras latinas más interesantes. Doctora en literatura, fundó una plataforma para la creación literaria con perspectiva de género, en los que rompe con viejos mitos como la musa. Cuentos, novelas y poesía, reivindicando mujer terrenal y rompiendo con su mística.

El Eco de las Ciudades Vacías: olvido y memoria en el genocidio camboyano, por Madeleine Thien

Mi madre me contó una vez que, cuando un niño nace, se atan hilos alrededor de las muñecas del infante para atar su alma a su cuerpo. El alma es algo resbaladizo. Un portazo demasiado ruidoso puede ahuyentarla. Un objeto hermoso y brillante puede llamar su atención y atraerla. Pero en la oscuridad, sin ser perseguida, el alma, el pralung, puede subir de nuevo a través de una ventana abierta, te puede ser devuelta. Nosotros no vinimos en soledad, dijo mi madre. Dentro de nosotros, desde el principio, fuimos encomendados con muchas vidas. Desde la primera a la última mañana, tratamos de llevarlas con nosotros hasta el final”.

Madeleine Thien, la autora de El Eco de las Ciudades Vacías, es una de las finalistas del prestigioso premio Man Booker Prize de este año con otra de sus novelas Do not say we have nothing (en español: No digas que no tenemos nada). La calidad que la ha llevado a optar a uno de los premios más prestigiosos de la literatura mundial está presente en esta novela, publicada en 2011, con la que la autora nos traslada desde Canadá a mediados de la pasada década, hasta los años setenta, en la Camboya de los Jemeres Rojos.

La protagonista de ‘El Eco de las Ciudades Vacías’, Janie, es una superviviente del genocidio camboyano. A través de ella conoceremos a diversos personajes, todos con un elemento común: después de la sinrazón de la muerte y la violencia, se han superpuesto a la desaparición de sus seres queridos, de todo lo que les rodeaba, con la adopción de otras vidas. Los personajes de Thien tienen otras identidades que les permiten negar un pasado del que no son directamente culpables, pero que les impide mantener su inocencia.

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Cuando los Jemeres Rojos conquistaron Camboya, impusieron un régimen en el que los individuos eran despojados de todas sus pertenencias, y se les obligaba a separarse de sus familias, para que su única lealtad se debiera al estado. Thien refleja en su novela cómo, aún después de huir de Camboya, incluso décadas después de que Vietnam ocupara el país, acabando con el régimen de los Jemeres Rojos, todos los personajes están solos.

La soledad no es consciente ni deseada, y puede estar enmascarada por amistades, parejas o hijos, pero está presente en toda la novela, a través de personajes que huyen de relaciones basadas en sentimientos, que huyen de volver a depender del amor a personas que pueden ser arrebatadas inesperadamente por los Jemeres Rojos, por el mar, por su propia voluntad. En este sentido, es descorazonadora la metáfora de los hilos, que Thien menciona en repetidas ocasiones a través de su novela. Los hilos son el método para mantener a la familia unida, un método -fallido- para impedir que las vidas de los seres queridos se diluyan, que amanezcamos solos en esas ciudades vacías, como Phnom Penh, la capital de Camboya, durante el régimen de los Jemeres Rojos.

Yo quería atar la muñeca de mi hijo a la mía con un pedazo de cuerda y así salvarnos a los dos. Es en la noche cuando aquellos a los que amamos desaparecen’.

El Eco de las Ciudades Vacías es una de esas novelas que merece ser leída y recordada. La historia es impecable, y el estilo de Thien es preciosista a la vez que desalentador. Personalmente, el resto de sus obras han entrado automáticamente en mi lista de futuras lecturas y, si aún no la habéis leído, espero que esta novela se coloque en la lista de las vuestras.

El Eco de las Ciudades Vacías fue publicada por Galaxia Gutenberg en 2012.

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Madeleine Thien, fotografiada por Rawi Hage, en Baalbek, Valle de Beqaa, Líbano. 

Madeleine Thien (Vancouver, 1974) es autora de una colección de relatos cortos y tres novelas que han sido traducidas a más de 25 lenguas. Además de su faceta de escritora de ficción, Thien ha enseñado literatura en Norteamérica, África, Europa y Asia, y también es autora de ensayos, críticas literarias y diversos productos multimedia.  Entre los premios que ha conseguido, figuran el Premio de la Asociación de Autores Canadienses y el Premio Ethel Wilson de Ficción, y entre los escritores que la han alabado, destaca la Premio Nobel Alice Munro.

De recuerdos y exilios: un poemario de Isabel Cadenas

De recuerdos y exilios más o menos voluntarios: También eso era el verano es un libro íntimo que puede remitir a la historia personal de su autora, pero que se perfila, de la misma manera, como un relato generacional de las españolas y los españoles que han abandonado el Estado buscando mejor suerte en otros países de Europa o América. A lo largo de sus ochenta páginas, Isabel dialoga con una vida que ya no le pertenece pero que intenta rescatar a través de la escritura. Con una prosa poética detallista, se abren las cajas de fotografías del pasado reciente, se desentraña la genealogía, se recuerdan reuniones familiares, se estudian concienzudamente fechas y lugares tratando de mostrar lo que de verdad ocurrió.

Escribo en presente, que sólo se 

pone, y lo hago a propósito, pero la

mera duda verbal ya es un tránsito,

una asunción de otra cosa.

Cuando se vive fuera, no importa donde, una se siente desarraigada, eso seguro: tiene una casa, pero no es la suya. Es como si estuvieras siempre de prestado, como si tu vida real hubiese quedado lejos, exactamente en ese país de mil demonios que abandonaste hace ya tanto tiempo y que tanto duele cuando lo visitas. Irse no es únicamente tomar la decisión y hacerlo: es estarse yendo continuamente, alejarse cada vez más y, a la vez, necesitar por todos los medios -entre ellos, la escritura- sentir que aún hay un cordón umbilical que te lleva de vuelta a casa. Vives en, al menos, dos sitios a la vez. Sin embargo, cuando has vivido en más de dos ciudades, como Isabel, tu corazón se ensancha tanto que para recorrerlo necesitas coger aviones.

Cuando íbamos tomadas de la mano, si me apretaba más fuerte, era un te quiero.

La dificultad para narrar la antigua vida en la vida nueva hace de la escritura de Isabel un espacio de diálogo no sólo con ella misma sino con el/la lector/a y con la familia. La suya es una escritura que se fabrica en soledad, una soledad específica, huérfana y desenraizada. Es, también, una escritura del rescate, de la supervivencia, un intento de insertar al yo en una colectividad que se alimenta de estampas cotidianas. Esa paradoja, esa tensión, atraviesa todo el poemario, le da vida. Porque, como dice Valerie Mejer en el epílogo: “La gran ausente en esta breve obra maestra que es más que un poema o que una memoria o que una novela es, [a pesar de todo] la palabra muerte”.

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También eso era el verano fue publicado por Difácil en 2014


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Isabel Cadenas Cañón (España, 1982) es escritora, poeta,traductora y fotógrafa. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, tiene un Master en Estudios Teatrales por la Univerdad de París-III Sorbonne Nouvelle y otro Master en Creación Literaria por la Universidad de Nueva York. Ha realizado estudios de doctorado en la Universidad de Nueva York. Ha publicado los poemarios Irse (2010) y También eso era el verano (2014). Escribe en periódicos como Diagonal, eldiario o lamarea

Julie Doucet: Cómics 1986-1993. La movida underground del cómic a finales de los 80 siendo una mujer artista independiente.

Vida punki en Berlín. Trabajos de mierda. Soñar que tienes pene y que pares gatos. Odias a tu madre. Eres joven y no lo sabes. Una mujer que aspira ser artista en una sociedad hostil. Fanzines. No había internet. No entiendes el sexo. ¿Qué es ser mujer? Te das cuenta de que eres feminista. Penes. Chochos. Penes. Chocos. A la mierda depilarte. Abandonar la escuela de arte. Hacer fanzines. Venderlos por correo ¡es que no había internet!

 

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Nosotras lo tenemos más difícil para todo, y qué decir hacernos un hueco en los movimientos underground y más aún cuando no somos la chica cool del grupo que toca el bajo, que tiene un sintetizador morado y un cuarto lleno de posters de bandas que ni su abuela conoce. Esta es Julie Doucet, una chica que no era cool ni tenía un sintetizador morado, pero lo que sí tenía (y sigue teniendo) eran poquísimos pelos en la lengua y sobre todo un gran talento dibujando, plasmando, denunciando y expresando a través caricaturas su frustración con la construcción social del mundo.

En su obra publicada (2014) en español por la editorial Fulgencio Pimentel, nos hace un recorrido por sus vivencias y lo que la llevó a ser una mujer en el mundo con mucho que decir y con muy pocas ganas de callarse situaciones de, por ejemplo, acoso callejero, pervertidos en las vías del tren masturbándose, sueños rarísimos y la exploración muy profunda y a escalas muy desconocidas de su “feminidad” y de su sexualidad, la relación con su madre y su obsesión por ridiculizarlo todo.

Imagino a Julie años después en el balcón de su casa en alguna ciudad que no está de moda y que nunca lo estará, viéndose a través de sus dibujos y pensando algo que muchas otras lectoras estamos pensado: ¡qué jodido es ser mujer! Pero qué bien nos lo pasamos reinventando formas de serlo, combatiendo a través del arte y dándole en la cara al sistema opresor.

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Gracias a la creación de la siempre sucia y pecadora Julie Doucet, sabemos que podemos ser monstruos menstruantes llenos de amor para el mundo. Esta obra es una compilación de todas sus ilustraciones desde 1986 hasta 1993, inclusive podemos encontrar algunas piezas inéditas. Eso sí, si ya has leído otras obras de esta artista, es posible que se crucen algunas historias, pero eso es lo de menos: leer a la Doucet es tan delicioso como comerte un cupcake de arándanos y nueces orgánicas después de masturbarte y tener el mejor orgasmo de tu vida.

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Hay un tema recurrente en esta obra, y es precisamente la menstruación. Esa extraña sustancia, desconocida y  supuestamente maloliente que nos han enseñado a odiar.

¿Qué pasaría si nos viene “la regla” en el espacio? ¿O si nos quedamos sin tampones? (aquellas que los usan)

Amigas, esto es lo que pasaría:

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Este monstruo adorable que Doucet ilustra representa la frustración de una artista. La sangre es un grito de libertad.

Mientras el mundo no la dejaba ser, ella en su arte fue.

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Por cierto, ¡la edición viene con un fanzine regalo!

 

 

 

 

 

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Y si un día se cruzan con esta portada, no, no es la biografía de una santa, son los cómics de una mujer que tiene muchas cosas por enseñarte.

 

 

 

 

 

 

                                                                     

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Julie Doucet (1965): Nació en Montreal y estudió bachillerato de artes para luego irse a Quebéc a continuar sus estudios artísticos, aunque abandonó la universidad años más tarde. Rodeada de artistas mientras estudiaba, conoció a ilustradorxs que le mostraron el la luz al final del camino que eran las caricaturas. Su primera obra fue un fanzine en 1991 “Diry Plotte”, lo distribuyó y se busco las castañas como pudo. Tuvo tanta acogida que pudo crear una red de contactos sustanciosa. En 1995 escapa a Berlín y finalmente en el 2006 se llevó a cabo la primera exposición de su obra en Montreal, y de ahí en adelante hasta que en el 2013 montó su propia editorial: Le pantalitaire.