NADIE VENDRÁ A SALVARNOS, la poesía punzante de Yolanda Morató

En Nadie vendrá a salvarnos (2016), Yolanda Morató nos sorprende con una obra madura, de versos pulidos y sobrios con unas imágenes muy precisas. En este complejo poemario encontraremos poesía de conflicto desde ambos lados de la trinchera en su primera parte Siempre es la misma pregunta:

CAEN CAJAS

Todas las mañanas del cielo

caen unas cajas

y cuando las abrimos

dentro no hay nada.

Algunos protestan, otros se ríen.

¡Maldita gente que nos lanza

más nada allí donde la nada reina!

Pero con el tiempo he comprendido

que no puedo vivir

sin mi caja vacía.

Me abrazo a ella

y tacho un día más

en el calendario.

En la obra se despliegan registros y estilos diversos, valga el ejemplo de Tierra de nadie, parte que recoge diez haikus de lectura rápida, como un estallido en mitad del silencio: “En la calle hay niños/ y el horizonte/ viene a buscarlos”. Pero también queda constancia de la guerra como dolor individual en lo cotidiano, la guerra sin rastro ya de rabia, la guerra cuando solo nos queda la miseria y la incomprensión. El polvo gris en Despedidas:

14063709_10210280512397186_6932334678307355919_n

En el amor y en la guerra II, página 55.

 

En Profundidades nos enfrentamos al mar cruel, con especial mención a Virginia Woolf. Sin embargo, queda aún espacio para la esperanza y el colorido de Misterio.

MISTERIO

La ignorancia produce risa

a los propios ignorantes.

El conocimiento produce lágrimas

a quienes lo salvaguardan.

Los llantos de unos hacen reír a otros.

Las masas suman uno.

Hay tanta gente sola.

La mediocridad es un misterio.

 

La autora, a pesar de las heridas de la guerra, se recompone y se busca, como dejan constancia de ello los últimos versos de La canción de Jessica Torres: “Porque he descubierto al fin/ que eso era todo,/ que el viaje era el destino, / que quien espera, pierde,/ que nadie vendrá nunca/ a devolverte el tiempo”. La poeta parece querernos decir, a modo de respuesta al título de su obra, que nadie vendrá a salvarnos, que somos nosotras mismas, salvavidas y corriente.


 

Yolanda-Morato

Yolanda Morató (Huelva, 1976). Licenciada en Filología Inglesa e Hispánica por las universidades de Huelva y Sevilla, respectivamente. Cursó tres programas de máster: en Traducción e Interculturalidad (Universidad de Sevilla), en Docencia Universitaria (Universidad de Huelva) y en Literaturas modernas en lengua inglesa (Birkbeck College, University of London); recibió el Premio Extraordinario por su Doctorado Europeo en Filología (Universidad de Sevilla). Ha sido profesora de lenguas extranjeras, traducción, metodología y literatura en SUP EUROPE y ESITC (Francia), Harvard y MIT (EE UU) y en las universidades de Huelva, Sevilla, Pablo de Olavide y León. Traductora de autores en lengua inglesa y francesa del siglo XIX y XX, ganó los premios de traducción La Tormenta en un Vaso, por Me acuerdo, de Georges Perec (2006) y AEDEAN, por Estallidos y Bombardeos, de Wyndham Lewis (2008). Nadie vendrá a salvarnos (Comares, 2016) es su primera obra de ficción publicada.

Historias de mujeres, otra pieza en la teoría de la naturaleza humana, por Rosa Montero.

Si hay algo endémico en la literatura contemporánea occidental, es su antropocentrismo: las personas, ahora seres psicológicamente complejos, y sus interacciones entre ellas resultan la columna vertebral de lo escribible. Pero en una dimensión aparentemente tan disparatada, tan inmensa como el funcionamiento de la mente humana, necesitamos construir patrones y teorías; más allá de lo biológicamente evidente ¿Qué nos une a unas y otros?
Fueron muchos los autores que han tratado de comprender el mundo interior del hombre. Obras muy alabadas como En busca del tiempo perdido, en la que Proust reflexiona sobre temas vitales como la existencia, el amor, los conflictos el envejecimiento. Se le suman al carro de los buscadores de lo humano otros autores universalmente reconocidos como Borges, Nietzsche o Hemingway.
Buscadores de lo humano, siempre desde una perspectiva masculina y blanca. La obra de Proust habla de la homosexualidad, pero solo contempla la masculina. Nietzsche describió al super hombre. El propio Borges, se enfrenta a la eternidad en El Aleph. Hemingway fascinó con un discurso sobre la la fortaleza y la soledad ante la vida de en El viejo y el mar. La angustia o alegría vital han sido temas exclusivamente masculinos y blancos. Y los que ha habido centrados en la mujer, como en Madame Bovary o La Regenta, se nos acostumbra a dar el papel de seres emocionalmente inestables y propensas a tomar malas decisiones por calenturas amorosas, sin un nivel de profundidad equiparable al que pudieron tener ellos.

historia de mujeres.jpg

¿Acaso en Europano hubo mujeres fascinantes, con reflexiones y trabajos trascendentes? La respuesta resulta evidente y en 1995 Rosa Montero quiso reivindicar a algunas de ellas.

Acostumbradas a que el relato biográfico de las mujeres se centre en las relaciones amorosas y familiares, Rosa Montero desnuda las personalidades y trabajos de de 18 compañeras, brillantes e insumisas, mujeres de acción y ciencia. Desde algunas más conocidas como Agatha Christie o Frida Kahlo, hasta las que la historia hizo caer en el olvido, como la joven activista Aurora Rodríguez o la enérgica antropóloga Margaret Mead. Otras quedaron sepultadas por la sombra de sus compañeros, que en la mayoría de casos lograron adueñarse de sus trabajos como fue el caso de Camille Claudel y Rodin o Zenobia Campurri y Juan Ramón Jiménez. También hay sorpresas dentro de grandes figuras, como Simone de Beavoir, a la que Montero describe como frívola y repleta de contradicciones, lo que tampoco deja de ser completamente humano.

Mujeres, hembras -como le gusta llamarlas a la autora- que al igual que los escritores que nombré arriba, se enfrentaron a la existencia, el envejecimiento, las guerras y al amor. Todo desde la perspectiva de saberse en un mundo no creado por y para ellas, sino completamente hostil. Un mundo en el que fueron despreciadas por no ser hombres. Sin embargo, ya fuera por el ansia vital de vivir como una desea, travistiéndose como hizo Isabelle Eberhardt, o de manera discretísima y silenciosa, como hicieron las hermanas Brönte y su literatura, estas mujeres -representantes de las mujeres blancas- lograron la fortaleza para desafiar a una historia y una cultura que exige silencio y docilidad.

Con una prosa elocuente y apasionada, Rosa Montero encandila narrando y reivindicando sobre esa parte de la humanidad a que navegó a contracorriente para vivir de la única manera que merece ser una vida, que es intensamente.

rosa_montero.jpg

Rosa Montero, nombrarla como periodista, o como psicóloga sería no contarlo todo, e incluso no contar a penas nada. Escritora curtida en el arte de hacer novelas, siempre con los ojos y las manos de una mujer. Columnista clarividente cada semana en El País. Una de las voces intelectuales más respetadas de España. Letras claras y profundas, allá donde decida escribirlas.

Cómo traducir el vacío: “Tierra animal”, el primer poemario de Lila Biscia

a cualquiera puede pasarle cualquier cosa
como
disolver en agua 200 gramos de café y
tomarlo
sin pausa,
o
sacar y
volver a guardar la ropa del placard,
buscar si quedan rasgos de su olor
alguna mancha
abrir la heladera y llenarnos
quién no intentó saciar vacíos con pan embadurnado en manteca
dulce de leche
tortillas viejas,
o enamorarse.
cualquiera puede enamorarse,
ir al cine
caminar de la mano en una librería
mirarse entre los estantes
inventar adjetivos
imaginar posturas sexuales,
cambiar la cama de lugar,
pensar en comprar adornos nuevos o
lo que fuere.

yo lo intento también,
me esfuerzo,
pero es que no sé,
aun tengo los demonios
mordiéndome los talones.

Sacudida. Tengo una revelación con Lila Biscia, y es que pocas veces me ocurre que abro un libro en el que cada criatura plantea una incomodidad. Tierra animal es un poemario que tiene como finalidad traducir el vacío de la palabra poética; entender esta como la cueva donde la bestia de la lengua calla. La lengua como una bestia: sin duda una imagen potente que sirve a Andrés Neuman para introducirnos en el particular y magnético mundo de Lila.

Ya en su biografía leemos que la poesía irrumpió en ella “como un trazo”. Ese trazo va construyendo una visión aferrada a la tierra que no es una condena, si no más bien un ejercicio de paralelismos entre el interior y el exterior, una muestra de superficies habitadas, ¿habitables? por seres tan particulares como divergentes que terminan aceptando una vida en común.

En uno de los poemas más potentes, “Descascarada”, hay una alacena llena de polillas -y al mismo tiempo de preguntas-:me pregunto por qué para mí es / devastación / lo que para ellas / es supervivencia. Y continúa, trazando una continuidad entre las especies: su existencia se asocia a mi existencia / a partir de las sobras. En esa existencia precaria crece una sentimentalidad que busca la levedad soportable; reivindicada como un último intento de convertir la lengua en pureza, aunque sea devastada. Y, a pesar de ello, permanecer: todo lo que fuimos / puede escribirse en un pequeño paredón.

Poco a poco, el cuerpo se va poblando de moluscos, el mundo se convierte en una oruga, el tiempo en un ciempiés. “Desabastecida” es quizá el poema más completo, donde el silencio se convierte en la única permanencia, como los animales en la tierra: la palabra alimenta el peso de la herida. / ya no hay candor capaz de abastecer. // hago bosque de mis entrañas. // el silencio / hará de mí vestigios. 

lo más trágico que podría pasarnos sería hablar de certezas

Y si bien es cierto que tenemos pocas, Tierra animal es una certeza en sí mismo: aquella que nos brinda belleza en un mundo inhóspito.


Lila Biscia (Buenos Aires, 1976). Licenciada en Psicología y Letras por la Universidad de Buenos aires. Trabaja como entrevistadora y productora editorial para la misma universidad. Ha publicado sus poemas en diversos medios digitales y revistas de Argentina y España. Tierra Animal (Harpo Libros, 2015) es su primer libro publicado.

Tierra animal fue publicado por Harpo Libros. Se puede comprar aquí

*Foto de Lila tomada de aquí

Leonora, la artista que relincha en cada párrafo de Elena Poniatowska.

“La quemaron tres veces los inquisidores de Inglaterra, Francia y España. Pero ella salió cada vez más limpia del fuego hasta convertirse en una delgada varilla de metal precioso. Porque ella es la pintora que más se parece a sus pinceles. Y hay quien dice que pinta con las kpestañas.”

Elena nos presenta en todo su esplendor un acercamiento a la imprevisible y enrevesada vida de Leonora Carrington, nacida en el lecho de una aristocrática y conservadora familia inglesa, de la que escapará montada en un pincel, mientras el resto de mujeres utilizan el mismo artilugio para barrer el suelo. Con las crines al viento, Leonora es, desde que es una niña hasta que llega a casi un siglo de vida, una yegua indomable, libre por naturaleza y comprendida únicamente por los animales con los que mantiene un vínculo especial.

Directa en sus críticas, segura de sí misma  gracias a su gran temperamento, Leonora revoluciona los círculos surrealistas desde sus inicios, hasta entonces viciado y cerrado a las mujeres. Es allí, en las primeras exposiciones internacionales del movimiento surrealista, en Londres, que se acerca a los artistas que comparten, para su sorpresa, el mismo mundo que ella; y no solo se sentirá acogida en él, sino que lo encabezará de la mano de Max Ernst. Más tarde, incluso al reconocido alemán le quedará demasiado grande esta mujer.

Leonora nos demuestra, con la pulcra y fluida prosa de Poniatowska, que se puede resucitar y resistir tantas veces como quiera una seguir viviendo, porque eso le ocurría a ella: tuviera la edad que tuviera, Leonora era siempre demasiado joven para rendirse a la sombra de la muerte. De una Francia sumida en el caos de la Segunda Guerra Mundial, a las torturas del manicomio en España, llega a Nueva York y a México hecha de acero, manifestando que lo único que puede darle amparo es un lienzo o la tinta de una pluma. Cayó en picado en el más hondo sufrimiento, y regresó del abismo cuando nadie lo creía posible. Una vez que se tocan los subterráneos más profundos de sí misma, ya no se le teme a nada, ya no se puede perder nada, y es entonces cuando el arte sale a flote, como un salvavidas que se infla en nuestro pecho.

“- ¡Todo ese endiosamiento de la mujer es puro cuento! Ya vi que los surrealistas las usan como a cualquier esposa. Las llaman sus musas pero terminan por limpiar el excusado y hacer la cama.”

Por otro lado, el nombre de Leonora apenas se lee tras la enumeración de todos los pintores surrealistas que formaron parte de dicha corriente, de gran talento, pero aun así eclipsados por la imagen de esta mujer, madre y revolucionaria. Inspiración para Ernst, sí, musa, quien quiera así denominarlo, pero desenvuelta por sí misma, con talento propio y sin esconderse. Leonora, junto a sus compañeras contemporáneas como Remedios Varo, Kati Horna, Leonor Fini o Lucero González, por mencionar algunas, demuestran su fortaleza a través de cuadros, fotografía o literatura; detrás de ellas, una estela de admiración marca su paso.

Un paseo por una de las vanguardias más llamativas del siglo XX y, a la vez, un cautivante viaje en cohete por las turbulencias de una mujer que persigue lo que quiere sin importar la altura de la pared que se interponga; una mujer no tan distinta a la que la mayoría llevamos dentro.


biografia

Elena Poniatowska (París, 1932), a pesar de estar destinada a casarse con un príncipe europeo debido a sus raíces en la corona polaca, se dedicó al periodismo tras refugiarse en México a causa de la Segunda Guerra Mundial. Reconocida con numerosos premios como el Premio Nacional de Periodismo (1979), el Premio Biblioteca Breve por Leonora (2011) y el Premio Cervantes de Literatura (2013), entre tantos otros, ha sido nombrada Doctora Honoris Causa por ocho universidades. Compaginando su labor periodística con la literaria, ha escrito múltiples obras entre las que destacan Hasta no verte Jesús mío (1969), La noche de Tlatelolco (1971), Tinísima (1992), Leonora (2011) y una serie de cuentos reunidos en De noche vienes (1979) y Tlapalería (2003).

Fotografía de Elena Poniatowska extraída de: http://www.fundacionelenaponiatowska.org/biografia.html
Editorial Seix Barral http://www.planetadelibros.com/editorial/seix-barral/9
Texto y foto de cubierta del libro de Katya Vázquez Schröder

Sidecar: El viaje de los encadenados de Nerea Pallares

“Se toma su tiempo en enunciar las historias, y no solo en eso, también en establecer la atmósfera precisa, y demorándose un poco en concluir cada detalle, mira a cada quien muy fija y arrugada, procurando ser siempre escatológica antes que pulcra, esperpéntica antes que comedida. Propia antes que ajena”

Sidecar (Ediciones Oblicuas, 2015) es un libro de relatos heterogéneos, que a simple vista no tienen mucho en común entre sí. Pero al asomarse a las páginas del primer libro de Nerea Pallares, podemos trazar el hilo conductor de todas las historias: su simbolismo, la sensación de que hay dos lecturas para cada uno de los relatos. Portada Sidecar Incluso en ‘El Propietario’, quizá la más realista –y la más brutal– de las historias incluidas en Sidecar, hay una sensación de capas superpuestas a la realidad, de metáfora no evidente. Esta característica convierte al libro de Pallares en un desafío para las lectoras, al tiempo que nos hace pensar sobre el original inventario del mundo de la escritora lucense.

Algunas de las historias de Sidecar consiguen arrancarnos una sonrisa, pero la mayoría, al igual que la vida cotidiana que pretenden reflejar, nos llevan al borde de las lágrimas. Las historias de Pallares hablan de violencia de género, alzhéimer y emigración, y también de amor, sexo y cotilleos, pero principalmente, hablan de personajes atrapados que no saben cómo liberarse. Atrapados en relaciones que no quieren, en trabajos que no los merecen, en vidas que no deberían estar viviendo, pero sobre todo, atrapados en sí mismos y en sus propias circunstancias.

En el patio hay un pájaro sin cabeza y nadie hace nada. A nadie le importa

La autora lucense nos describe estas circunstancias a través de metáforas tristes, como esos pájaros siniestros que siempre están muertos, encerrados en jaulas, o que son incapaces de volar. Las personas, al igual que los pájaros, intentan huir sin conseguirlo, permaneciendo en sus propias jaulas, muchas veces de manera consciente, atándose a sus secuestradores.

Sidecar de Nerea Pallares, ha sido editado por Ediciones Oblicuas.

Nerea Pallares. Fotografía de Víctor Echave

Nerea Pallares. Fotografía de Víctor Echave

Nerea Pallares (Lugo, 1989) ha recibido reconocimiento en el mundo literario desde que era una adolescente, cuando fue premiada en el 43º Concurso Nacional de Redacción de la Fundación Coca-Cola España, en el 17º Concurso de Cuentos Vila de Pontedeume y en cuatro ediciones del Certamen de Cuentos y Relatos Cortos Trapero Pardo. Pallares ha sido miembro de la décima promoción de la Fundación Antonio Gala. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela y en posesión de un Máster en Estudios Comparativos de Literatura, Arte y Pensamiento por la Universidad Pompeu Fabra, actualmente realiza una tesis en Humanidades, al tiempo que trabaja en publicidad y se prepara para publicar la segunda edición de Sidecar.