Los amantes deberían llevar solo mocasines, la novela erótica de Joumana Haddad

Fue como penetrar en la cueva de Ali Baba, excepto porque carecía de tesoros: nada más cofres vacíos, cuerpos desencantados y desencantos sin brillo alguno, piedras no preciosas, falsas alianzas y falsas discordias, collares de temores perpetuos, brazaletes de alegrías artificiales, gente solitaria de cristal roto, perdida en los meandros de su soledad

Joumana Haddad nos trae en Los amantes deberían llevar solo mocasines una historia erótica sobre la noche de una mujer árabe en París. Es una historia de últimas noches y de primeras veces, de transgresiones, de personajes en sitios en los que no admitirán haber estado a la mañana siguiente.

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Las otras clientas estaban mucho más ‘expuestas’, y aún así yo me sentía la más desnuda de todas. Por otra parte creía escuchar los murmullos de la gente: Libanesa, esa es libanesa, de padres libaneses, piernas libanesas, creció con leche libanesa, estudió en colegio libanés, vive en un departamento libanés y la crema corporal hidratante que usa ¡seguro es libanesa! Por sus venas corre sangre árabe, ¿quién lo habría pensado? Barrí de un solo golpe el peso de esa identidad problemática y me dispuse a disfrutar del momento, nada más”.

Los amantes deberían llevar solo mocasines tiene como figura central a una mujer fuera de lugar. Esta sensación, que todas nosotras hemos sentido alguna vez, se acentúa en el caso de las mujeres de procedencia árabe, intentando encajar en un mundo occidental que muy frecuentemente no les da la bienvenida.

A pesar de todo esto, Haddad nos hace difícil identificarnos con la figura central de esta noche en París. La historia es breve, sencilla, pero para mí fue difícil conectar con ella. Incluso en la propia historia ella recorre el bar, entre gente con la que no tiene nada en común, buscando algo que nunca encuentra y qué no sabe describir.

Ocurre lo mismo con la persona al otro lado de las páginas. La protagonista está, en este sentido, también aislada, de una lectora que busca en vano una manera de involucrarse en el relato. Haddad, y su forma de describir las circunstancias de su personaje tan solo de manera imprecisa, contribuyen a este sentimiento, acentuando la falta de empatía y la soledad de esta figura femenina.

Los amantes deberían llevar solo mocasines se publicó en español en 2011 por la editorial Vaso Roto Ediciones.

By Miguel Berrocal

Joumana Haddad, por Miguel Berrocal

Joumana Haddad, nacida en Beirut en 1970, es una escritora, periodista y oradora libanesa. Su obra se ha traducido a 17 idiomas. Empezó a escribir de manera pública a los 15 años, con un artículo semanal en el diario Le Reveil, y actualmente trabaja en An Nahar como crítica literaria. También fundó en 2009 la revista Jasad, ‘Cuerpo’ en árabe, otra de sus contribuciones a romper tabúes sexuales en su país, que intenta representar el cuerpo humano en todas las facetas de nuestra sociedad.

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La revolución sexual de Salwa al-Neimi

¿Acaso los autores árabes no cuentan entre los beneficios del coito, además de la proliferación de la estirpe y la perpetuación de la especie, el poder atisbar algunos de los deleites del edén? En él se anticipan los gozos prometidos en el paraíso «pues anhelar un placer desconocido no sirve de nada».

Inspirada en la libertad de los tratados eróticos clásicos, Salwa Al Neimi nos narra en El sabor de la miel el relato de una bibliotecaria siria y su amante “el Pensador” en la sociedad árabe contemporánea. Marcada por la controversia y el erotismo, la autora reconoce que existe cierto pudor al hablar de sexo en lengua árabe. El problema reside hoy en día en lo que denomina “una fuerte amputación de la cultura y la lengua”. No hablamos de nostalgia o un deseo feroz de volver al glorioso pasado, sino una reivindicación de la herencia y el patrimonio cultural arabo-islámico.

“La libertad con que escribían los antiguos se burlaba de mí con su séquito de palabras que no me atrevo a pronunciar y tampoco a redactar. Es un lenguaje excitante. No podía leer un solo pasaje sin mojarme. Un idioma extranjero no podría haber producido el mismo efecto en mí (…) Era vocabulario para ser leído; ni para hablar, ni para escribir. Todavía hoy me resulta difícil utilizar algunas de las «palabras fuertes» al expresarme. Las evito”.

El diario libanés Al Akhabar dice de su novela que critica justamente a aquellos que en la actualidad hablan de sexo mediante alusiones, reivindicado estos “antiguos libros árabes que evocan con franqueza los nombres de los órganos y las posturas sexuales e indican aquellas que proporcionan más placer y bienestar”.

Tras la censura que encontró la primera edición libanesa en la mayoría de países árabes, incluida la Feria del Libro de Damasco, su ciudad, la obra de Salwa Al Neimi ha conseguido franquear fronteras gracias a sus traducciones al francés, español, italiano, alemán y portugués inscribiendo a su autora, junto con muchas otras escritoras, en lo que denominan como la intifada -rebelión- sexual femenina de la literatura árabe contemporánea.


Salwa Al Neimi, poetisa, periodista y escritora, nació en Damasco, Siria, a finales de 1950. Allí estudió lengua y literatura árabe para más tarde completar su formación en filosofía islámica, cine y teatro en la Sorbona. Ha trabajado como periodista cultural para la prensa árabe en diversos periódicos y numerosas revistas literarias como el diario al-Qods al-Arabi y el semanario Bareed al-Janoub, así como en el departamento de Comunicación del Instituto del Mundo Árabe de París, donde ejerce actualmente.

*Esta reseña ha sido publicada con el permiso de su autor, Alberto Benjamín López Oliva, estudiante del Máster en Cultura árabe y hebrea de la Universidad de Granada.

Oso: una novela erótica de Marian Engel, por primera vez traducida al español

Su pelaje era tan espeso que se le perdía media mano dentro. Le masajeó los encorvados hombros. Sentarse a su lado le daba una extraña paz. Como si el oso, al igual que los libros, conociese generaciones de secretos, pero no sintiera la menor necesidad de revelarlos.

Marian Engel sorprendió a muchos lectores con la publicación, en 1976, de Oso. Los tiempos, sin duda, traían aires de cambio. El movimiento feminista había conseguido poner sobre la mesa, entre otros asuntos, el de la liberación sexual de la mujer. La novela, de clásica apariencia, narraba la historia de amor entre una joven bibliotecaria y un oso, en una enigmática mansión victoriana de la isla de Cary, prácticamente deshabitada. Con una naturalidad y una sencillez elegantes, Engel describió la natural relación creada entre estos dos seres solitarios. Seres introvertidos, en cierto modo abandonados, entre los que surge una curiosa e insospechada afectividad. Lou, la protagonista, es la que comienza este enigmático idilio, la que se siente atraída no solo por el animal, sino por lo que representa: la fuerza latente, la serenidad y el apego a la tierra. Es curioso, pero en ningún momento juzgamos a Lou cuando insta al oso a darle placer: de alguna manera, la autora consigue que nos desprendamos de unos prejuicios totalmente artificiales, de la prohibición tácita de relacionarnos emocional y sexualmente con los animales. En este sentido, Oso puso y pone sobre la mesa una cuestión espinosa, que va más allá de la zoofilia porque lo que pretende es llamar la atención sobre la vacuidad de las relaciones humanas, la frivolidad de nuestras emociones y la desigualdad entre hombres y mujeres a la hora de enfrentarse a las relaciones amorosas:

Una vez, por poco tiempo, había sido la amante de un hombre elegante y atractivo, pero siempre se sintió incómoda cuando él decía que la quería. Sentía que se refería a algo que Lou no acababa de entender y, en efecto, descubrió que él la quería si los calcetines estaban doblados y ella siempre a su disposición, si la comida era exquisita y ella no menstruaba…

Lou se sabe atraída por un animal con el que, al contrario de lo esperado, crea una complicidad, donde el cariño adquiere un significado diferente. A pesar de sus vanos intentos por relacionarse con otros humanos, como el hombre de la tienda de ultramarinos, Homer Campbell, siempre hay una lejanía insalvable. Una lejanía en la que quizá tiene mucho que ver el desmesurado nivel de progreso que hemos alcanzado, y que nos ha distanciado de la tierra, de los árboles, de la naturaleza. Es curioso, pero Engel no pretende humanizar al oso. Ni siquiera animaliza a Lou. Hay una simbiosis natural entre ambos, pues aun perteneciendo a mundos aparentemente distintos, viven en el mismo. Concretamente, en un escondite extramoral, donde no hay leyes, sino un proceso humano de autoanálisis, el de la protagonista, que culmina con una puerta abierta hacia la libertad.

¿Dónde he estado?, se preguntó. ¿En una vida que ahora podría considerarse una ausencia de vida?

9788415979562

Oso se publicó en abril de 2015 gracias a la Editorial Impedimenta


 

marianengel

Marian Engel (Canadá, 1933-1985) fue una escritora, licenciada en Estudios Lingüísticos por la Universidad de Ontario y especializada en Literatura Canadiense en Montreal. Comenzó a escribir cuando tenía a cargo a dos gemelos, y en 1968 publicó su primera novela, No Clouds of Glory. Escribió, además, dos libros de relatos cortos: Inside the Easter Egg (1975) y The Tatoed Woman (1985). Tras su muerte se publicó la correspondencia que había mantenido con otras escritoras y escritores de la talla de Alice Munro o Margaret Atwood. Marian Engel fue una activista por los derechos de los escritores y fue la primera mujer en pertenecer a la junta directiva del Sindicato de Escritores de su país. Fue nombrada Oficial de la Orden Canadiense en 1982.  Oso (1976) está considerada su obra maestra, y a pesar de ser considerado una inmoralidad, consiguió ganar el Governor General’s Literary Award for Fiction en el año 1976.