“Matate, amor”, la primera novela de Ariana Harwicz

Voy a entrar. Voy a pedirle peras al olmo. Voy a contener mi demencia, a usar el cuarto de baño. Voy a acostar al niño, masturbar al hombre y dejar la insurrección para mejor vida. Yo, que quería parir un hijo no declarado. Sin registro. Sin identidad. Un hijo apátrida, sin fecha de nacimiento ni apellido ni condición social. Un hijo errante. No parido en una sala de partos sino alumbrado en el rincón más oscuro del bosque. No silenciado con chupetes sino acunado con el grito animal. Lo que me salva esta noche y el resto no es para nada el amor de mi hombre ni de mi hijo. Lo que me salva es el ojo dorado del ciervo, mirándome todavía. 


Ariana Harwicz nació en Buenos Aires en 1977. Estudió guión cinematográfico en el ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica), dramaturgia en el EAD (Escuela de Arte Dramático) y completó sus estudios con una licenciatura en Artes del espectáculo en la Universidad Paris VIII y un máster en Literatura comparada en La Sorbona. Matate, amor, es su primera novela. En junio de este año publicó en Latinoamérica su segunda novela: La débil mental.

ariana

En Matate, amor nos encontramos con una novela de situación, que no de situaciones, en la que una madre de familia al borde del abismo nos describe la situación a la que se ve sometida: viviendo en el rural (de lo que se supone Argentina), con un marido al que no quiere, un hijo que le supone una carga y un deseo sexual estratosférico que no se ve satisfecho. Principalmente por esto Matate, amor se diferencia de cualquier otra novela doméstica, ya que el personaje principal, lejos de atenerse a las normas establecidas para su género, las desafía y rompe en añicos a diario.

Toda la atmósfera de la novela parece surrealista: los personajes no viven en una ciudad, ni siquiera en un pueblo, sino en una casa aislada en la que el entorno es natural, no civilizado. Eso convierte la historia en un libro salvaje, destructivo (adjetivos que podrían aplicársele a su desbocada protagonista). A pesar de su punto rebelde, la novela nos presenta una situación que apenas cambia, en la que la acción no acontece. Todo es una eterna descripción: la descripción de los ojos de la protagonista, de la que no llegamos a saber ni el nombre. Una descripción barroca que acaba haciendo de Matate, amor un libro cansado. La forma de narrarlo, siempre en primera persona, es desasosegante y acaba dejando vislumbrar la demencia que – se supone – padece la protagonista.

No hay puntos de fuga ya que toda la novela parece transcurrir en una constante tensión que no cambia ni evoluciona. Un libro que, sin duda, resultaría más apetitoso si en lugar de una novela de 150 páginas fuese un intenso relato corto.

matate amor

Matate, amor de Ariana Harwicz está publicado por Lengua de Trapo.

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