La mujer cíclica, de Laia López Manrique: una poesía desde el encierro

Puede que la escritura de Laia parta de una necesidad, puede que sea una respuesta al silencio al que quieren abocarnos, una llave o un laberinto en el que reconocerla y reconocernos. Puede que se divida en dos, en tres o en catorce y que sean todas mujeres que están locas, que escriben escondidas en su madriguera o que gritan desesperadamente consigas subversivas. Oigo disparos discontinuos: son unos poemas que son de todo menos aletargantes, que basculan entre el verso y la prosa sin desproteger a ninguna forma. Hay mujeres, sí, mujeres complicadas que escriben para entenderse, que hablan lenguajes en clave, de difícil acceso si no se ha estado antes encerrada en la madriguera. Mujeres que encuentran la libertad en el canto, que abren la sombra:

si en la convergencia de su monstruosidad y la nuestra no estuviera oculta una pregunta que ella exhibía en la boca a modo de desafío y nosotros guardábamos dentro como un secreto impronunciable

En La mujer cíclica se reflexiona acerca del texto y sus (des)potencialidades. Laura Giordiani habla de escritura-hueco, donde caben las voces femeninas desalojadas de la historia de la literatura y con las que Laia dialoga fundiendo sus voces con la(s) suya(s). Y sin embargo:

hay tan pocas palabras para decir lo mismo

pero la piel insiste

El texto no es ni puede ser más que una envoltura, lo que no significa que debamos abandonar las palabras. Más bien se trata de posicionarse; no podemos deshacernos de la necesidad de escribir pero sí ser conscientes de las trampas del lenguaje. En La mujer cíclica Laia lo afirma desde el principio: ella eligió “hablar desde una fractura” precisamente porque allí donde hay fracturas, huecos, hay espacios libres, espacios donde dejarnos guiar por las palabras, jugar con ellas:

Las palabras tienen esa propiedad. Las palabras conducen y desvelan u oscurecen.

Laia conoce bien la metamorfosis, la suya es una escritura-contingente que está siempre a punto de estallar, que sigue escribiendo allí donde hay un punto y final. Tengo la sensación de que es una poesía desde los márgenes con vocación de totalidad, una poesía mutante que, desde luego, brinda y brindará muchas posibilidades al panorama poético español.

La mujer cíclica se abre con una cita de Martine Broda, “elle avait du gôut pour l’enfer” (ella tenía gusto por el infierno). En otro poema de la misma autora francesa, añado: “la mano en la hoja del despertar / cierra un libro deslumbrante”.

 

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La mujer cíclica fue pubicado en La Garúa en 2014

+ La autora en La Tribu de Frida

+ Poemas de Deriva en Tendencias21

+ Entrevista en Psychonauts


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Laia López Manrique (Barcelona, 1982) es poeta, crítica literaria, profesora, lectora y correctora editorial. Se licenció en Filosofía y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Univerdiad de Barcelona. Ha publicado varios libros de poemas, Desbordamientos (2015), La mujer cíclica (2014) y Deriva (2012). Escribe en Revista de Letras, Literaturas y Revista Quimera, entre otras. Además, es directora y coeditora de la revista Kokoro.

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