Pisar Cieno, la elegía colectiva de Rocío Hernández Triano

Por Estela Rengel

Mi grito en el cielo abre Pisar Cieno (Algaida, 2016) y nos avisa de lo que vamos a encontrarnos a lo largo del poemario: un canto lanzado al vacío que hace un recorrido por los momentos vitales del ser humano de la mano de la vida y los recuerdos de su autora.

“Y desde entonces pongo todo el grito en el cielo.

 

El cielo me devuelve su disparo de pájaros.”

Estamos ante 33 poemas fáciles, pero no nos confundamos. La escritura de Rocío es fácil, sí: fácil que se te atraviese, fácil que se te atragante, fácil que se te agarre del pecho y no te suelte. Hundimos con ella los pies en el barro primitivo y nos embarcamos en un viaje elegíaco, un panegírico póstumo a los familiares de quien escribe, pero que se hace extensible a quien lee cuando los versos se funden con nuestras propias emociones.

“Doble orfandad me dejas,

madre que nunca fuiste,

pero siempre presente.

 

Solo ahora podría hablaros de la muerte,

ahora que mi lengua sólo cita cadáveres.”

El uso exacto de los colores, la adjetivación, la descripción y la pregunta nos acompaña durante una obra que trata la muerte con absoluta maestría. Brutal en ocasiones, poderosamente bella y delicada en otras, el verso libre de Hernández Triano es lo que se podría llamar “verso empírico”: nada es teoría o queda a la suposición, nada es inventado. Lo que escribe y nos lanza a la cara lo ha experimentado en su propia piel, lo ha vivido en sus entrañas. Poesía nacida de la experiencia vital que trasciende el tiempo: habla de pasado y presente y nos advierte de lo que todas viviremos en el futuro.

“¿En qué momento, amor?

¿En qué extraño despiste de las horas

notarás que tus pies estén presos del barro,

de un cieno inaugural que manche tus zapatos

y aniquile la gracia con su aliento?”

pisar-cieno

La femineidad impregna también las páginas de Pisar Cieno. Aunque la figura del padre está muy presente (la figura familiar, realmente, como un todo), la mujer cobra una interesante importancia a lo largo de las páginas a través de Rocío, de su madre, de su tía y de su hija y de otros nombres propios como María, Sara, Piedad o Calíope.

“la risa de tu prima,

las manos de tus hijas,

la nana de la niña asustada que he sido”

Ganador del XXXIV Premio de Poesía Ciudad de Badajoz, es sin duda alguna un poemario al que acercarse con delicadeza y al que volver con el tiempo y con el peso más aliviado de haberse quitado un par de corazas.


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Rocío Hernández Triano nació en Sevilla en 1976. Obtuvo el Premio Extraordinario de Licenciatura en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla. Es profesora de Lengua castellana y Literatura, y ha participado en la creación de libros de texto para esta asignatura como coautora. Ha publicado los poemarios Viento de cuchillos (2010), Equilibristas (2010) y Los seres quebradizos (2013) con el que obtuvo el XXX Premio de Poesía Carmen Conde.

 

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