Todos deberíamos ser feministas: Qué regalarle a tu cuñado, por Chimamanda Ngozi Adiche

Los debates sobre feminismo han vuelto a ser Trendic Topic, dentro y fuera de la red: las conversaciones sobre la actual situación de la mujer parecen ser un tema cada vez más recurrente en Facebook, en la comida familiar de este domingo o en la editorial en el periódico de mayor tirada.

Después de un pasado no muy lejano, en el que las buenas praxis legislativas garantizaban la igualdad entre hombres y mujeres, el feminismo quedaba superado y obsoleto. De este pensamiento sólo resistían vestigios de militantes radicales alejadas de la realidad… Y de repente, (y por solo nombrar algunos ejemplos en España) el Partido Popular demuestra ansia por abolir la ley del aborto, cuando en 2016 el número de feminicidios se dispara con respecto al año anterior y la brecha salarial entre hombres y mujeres no hace más que crecer. Siguen los ejemplos de maneras más sutiles, cotidianas y universales como la angustia de volver sola a casa por la noche, al “qué dirán” por llevar una vida sentimental y sexual no estrictamente convencional, o comentarios del tipo “¿tienes la regla?” por no ser complaciente en cada segundo de tu vida… Parece ser que esa supuesta paridad está a años luz de existir y jamás lo ha hecho.

La mayoría de las mujeres y los hombres que nos consideramos feministas, no recordamos cuál fue el detonante para abanderarnos en esta lucha, sino que lo relacionamos con un proceso paulatino. Una de las consecuencias de ser feminista, será responder a comentarios tales como “¿por qué odias a los hombres?”, “¿por qué se llama feminismo y no igualitarismo?” o “el feminismo es muy radical”. Responder con el testimonio propio llega a ser emocionante o agotador… ¿Quién le diría que no a un regalo?

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A través de su propia experiencia, Chimamanda Ngozi Adiche, en un brevísimo ensayo extraído a partir de conferencias en TED en 2013, recopila de manera pedagógica algunas de las cuestiones más elementales que abordan los feminismos.

“Si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si solo los chicos llegan a monitores de la clase, al final llegará el momento en el que pensemos, aunque sea de forma inconsciente, que el monitor de la clase tiene que ser un chico. Si solo vemos a hombres presidiendo empresas, empezará a parecernos “natural” que sólo haya hombres presidentes de empresas.”

Una clarísima y concisa introducción al análisis de género, especialmente interesante como primera aproximación al movimiento. Unas muy buenas pinceladas para un análisis más profundo centrado en el feminismo negro. Si tienes un cuñado con el que estás cansada de acalorarte por sus comentarios sobre la ley de violencia de género, o estás muy radical tanto en Facebook, como en las paelladas… Por 4,50€ y una hora de su tiempo, puedes hacer un regalo que haga la discusión mucho más enriquecedora y realmente interesante.

En cualquier caso, como el feminismo era antiafricano, decidí que empezaría a presentarme como “feminista feliz africana”. Luego una amiga íntima me dijo que presentarme como feminista significaba que odiaba a los hombres. Así que decidí que iba a ser una “feminista feliz africana que no odia a los hombres”. En un momento dado llegué incluso a ser una “feminista feliz africana que no odia a los hombres y que le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”.

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Chimamanda Ngozi Adiche, Nigería, 1977. Una de las voces más potentes de la literatura nigeriana, y del feminismo negro.

 

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