Dime quién fui: buscarse a través de los fantasmas, por Elisa Rodríguez Court

Partamos de una encrucijada: ¿Qué hacer si el padre que te abandonó siendo una niña, regresa a ti 33 años más tarde y tan senil que su lucidez es casi anecdótica?

Contra todo pronóstico y orgullo, sin la aceptación de sus hermanos, y asumiendo de primeras que ese hombre -ahora transformado en un viejo indomable y demente- no es ni será del todo su padre, Isa decide encargarse de sus cuidados mientras él viva. Hasta el momento, su vida marchaba de acuerdo a lo cotidiano; madre de una niña pequeña, acababa de separarse y de abandonar su trabajo y la buena literatura es su columna vertebral. La llegada del viejo pone su vida del revés, descuidando por completos esos ejes centrales y sus propias necesidades. Sin embargo, Isa no renuncia a ese extraño que se marchó por completo dejando sola a su madre y sus tres hijos. ¿Un gesto absoluto de altruismo? ¿Un mero comportamiento irracional e inexplicable?

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La 167 páginas que componen esta historia, no son páginas complacientes; el diario íntimo que se alberga en ellas es crudo y doloroso. Su lectura podría resultar perturbadora a la lectora en ciertos momentos vitales especialmente sensibles. Y a pesar de todo, la calidad literaria de la novela es tan excepcional que merece la pena dejarse sumergir en su universo grisáceo, porque sin lugar a dudas, su mayor fuerte es esa manera de hacer pedagogía del dolor a partir de reflexiones trascendentales sobre la propia identidad.

“Ironías de la vida, relacione de pronto la reaparición del viejo con el contenido de la novela que estaba leyendo. El libro narra el viaje sin retorno de un septuagenario al que su mujer obliga a marcharse para siempre. De forma imprevista, un día después de haber celebrado 50 años de matrimonio. Estas odisea rectilínea transforma al individuo, que ya no vuelve a Ítaca. En el fondo, la fuga hacia el infinito es una manera de entender la literatura”

Rodríguez Court le declara la guerra a la dictadura de la narrativa convencional. El relato, una sucesión de hechos y diálogos cotidianos, si un argumento magnificente, conspiraciones intermedias o puntos nerviosos. Tan real y abierto como esa vida que transcurre por  fuera de las páginas de cualquier libro. Y tan  revelador como lo es por sí sólo el paso del tiempo.  Y entre la historia central, citas. Más de cien citas de otros autores, distribuidas muy concienzudamente por todo el relato. Pequeños fragmentos de obras de escritoras y escritores contemporáneos que van desde Virginia Woolf a Foster Wallace, y que cumplen la función de conclusión en cada situación o desencuentro.

Y mientras pasan las páginas, la trama y las citas, también algunas grandes declaraciones sobre teoría literaria. Puestas en los labios de la protagonista, pero cosechadas en una mente con un gran mundo y muchas letras.

“¿Por qué hoy se llama escritor a cualquiera que escribe? ¿Por qué hoy se llama escritor a cualquiera que escribe sobre temas de rabiosa actualidad? ¿Por qué hoy se llama escritor a cualquiera que escribe sobre temas de rabiosa actualidad, sin haber leído literatura?”

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Elisa Rodríguez Court (1959) nació y vive en Las Palmas de Gran Canaria. Estudió Filosofía, actualmente ejerce como profesora de alemán y es colaboradora en el diario La Provincia y Revista de las Letras. También ha participado activamente como columnista en Cadena Ser. Ha ganado el premio canario a la “Mejor labor informativa”. Dime quién fui es su segundo libro publicado

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