Ganar lo vivido: “Descendencia”, de Dulce María González

Como personaje salido de los diálogos de Platón,

masculino si fuera el caso,

ella se pregunta al escribir cómo es que habla.

Y cuestiona el reducido mundo de los humanos

contenido en la garganta

(…)

Fotografía de la autora tomada de Milenio.com

Fotografía de la autora tomada de Milenio.com

Los poemas de Descendencia parecen instantáneas, tomadas en situaciones variables que comparten, sin embargo, el ámbito situacional de lo íntimo y cercano. Estampas familiares de vino y aperitivos. Aunque es un libro escrito desde la enfermedad, está poblado de vívidos recuerdos acompañados por los desafiantes dibujos de Víctor Ramírez. Estos últimos poemas son bastante breves, muy visuales. Al tiempo que reflejan la memoria desde el padecimiento, retratan la experiencia femenina, donde la independencia y la soledad son indispensables para ejercer la escritura. Soledad como aquella del árbol de hojas escarlata; soledad como separación.

Dulce María imagina la muerte al sentirla próxima. La muerte es un límite, para la vida y para la subjetividad de la poeta, que “aun no sabe cómo es” ella misma. De ahí el desdoblamiento que lleva a cabo: por un lado se distancia del recuerdo narrado, al utilizar esa tercera persona; por otra cuestiona los límites del lenguaje y de una realidad que empieza a ser conquistada por el pesimismo.

“Los frutos de la fe”, tituló Clara Janés al prólogo de este último poemario de Dulce María González. Quizá esta frase conseguiría resumir un libro que se perfila cercano a la muerte pero que no por ello renuncia a la vida ni lamenta pérdidas antes de tiempo. Al contrario, Dulce María va fotografiando entrañables escenas de interior, terriblemente cotidianas, en un ejercicio poético del rescate. Descendencia rescata -y gana- lo vivido para siempre, convirtiéndolo en poesía.

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Descendencia ha sido publicado por Vaso Roto en 2014


Dulce María González (Monterrey, México, 1958-2014) fue una escritora mexicana, licenciada en Letras Españolas por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Recibió el Premio Nuevo León de Literatura por su novela Mercedes Luminosa en 2002 y el Premio a las Artes de la UANL en 2003. Publicó tanto cuentos como novelas, prosas y crónica. Como poeta, escribió Ojos de santa (1996), Un océano divide (2012) y Lo perdido (2014), además de Descedencia (2014).

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