La sangre de las “Tres mujeres” de Sylvia Plath

Por Raquel Silva León

Ella es nuestro vampiro. Por eso nos mantiene,

cebándonos, bondadosa. Su boca es roja.

La conozco. La conozco íntimamente,

viejo rostro invernal, viejo rostro estéril, vieja bomba de tiempo.

Los hombres la han utilizado, miserablemente. Pero ella se los comerá a todos.

Se los comerá, se los comerá, se los comerá al final.

El sol se pone. Muero. Provoco una muerte.


Sylvia Plath (1932-1963) es una de las principales autoras de la denominada poesía confesional y una de las poetas más influyentes del siglo pasado. Empezó a escribir poesía desde pequeña y ya en el instituto publicó sus primeros textos. Se casó con el poeta Ted Hughes y unos años después, en 1960, publicó su primera obra: El coloso (The Colossus). Aunque su obra más conocida es la novela semi-autobiográfica La campana de cristal (The Bell Jar). Poco después de su publicación se suicidó fruto de la depresión que la acompañó toda su vida y que se vio agravada por sus problemas conyugales. Ted Hughes publicó sus textos tras su muerte, entre ellos, el poemario Ariel. En 1982 le otorgaron un Premio Pulitzer, convirtiéndose así, en la primera persona en obtener este galardón a título póstumo.

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Sylvia nos desgarra las entrañas con este poema a tres voces cuyo tema central es la maternidad. Tres mujeres cuyas voces fluyen en melodías enlazadas que le cantan a susúteros con dolor, frustración y esperanza. Ya Simone de Beauvoirnos advirtió de que todo el organismo de la mujer está adaptado a la servidumbre de la maternidad y es, por tanto, la presa de la especie. Las mujeres de Sylvia establecen una genuina conversación en la que se nos revela el deseo frustrado de ser madre: Un sol muerto tiñe los periódicos. Es rojo/Pierdo una vida tras otra. La negra tierra se las bebe; la vida que crece dentro de otra vida sin su permiso: La veo en sueños, mi niña roja y terrible. Llora a través del cristal que nos separa; y la madre que es mujer a través del bebé. Mujeres que sufren la soledad y el desamparo de las clínicas frías en continuo contraste con sus cálidos cuerpos. Mujeres que deben aprender a reconciliarse con su esencia femenina: Espero y me duelo. Creo que estoy curándome. Mujeres solas en un mundo poblado por hombres y mujeres con feroces ansias de bebés y cuerpos sanos.

Leer a Sylvia es examinarnos, adentrarse en nuestros terrores femeninos sin escudos ni lanzas y, pese a todo, sabernos acompañadas.

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Tres mujeres: escrita por Sylvia Plath, ilustrada por AnuskaPlutz y traducida por María Ramos. Nórdica nos regala esta joya bilingüe en el cincuenta aniversario de la muerte de la autora.

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